viernes, 23 de marzo de 2012

LOS DOCE INMORTALES - CAPITULO VII:






CAPITULO VII:
LOS DOCE INMORTALES



“Jesús escogió a los Doce antes de que viniese al mundo. Escogió doce poderes, recibiéndolos de los doce Salvadores del Tesoro de Luz. Cuando descendió al mundo, los lanzó como chispas en el vientre de sus madres, de tal modo que el mundo podría salvarse.”
--Pistis Sophía

Los doce Discípulos representan los doce principales atributos a
ser desarrollados en el hombre a través del despertar del poder del
Cristo interno, el que se desarrolla por medio de muchas etapas,
ejemplificadas en los eventos de las vidas de los Doce como se
relatan en el Nuevo Testamento. Estos sucesos no deben ser
considerados como meros registros personales de cada uno de los
Discípulos; todo lo escrito acerca de ellos es cierto al hollar el Camino de la Realización. La Biblia es de implicación universal y solo secundariamente es un registro biográfico. Básicamente configura el sendero del desarrollo espiritual para toda la humanidad.




Esto no quiere decir que la narración de los Doce Discípulos no
tenga significado histórico. Las doce “Chispas” que encarnaron en los doce Discípulos se refieren a los poderes cósmicos emanados del zodíaco; pero también apuntan a las doce grandes religiones del
mundo y sus Maestros fundadores que son igualmente Salvadores.
Así, según los Evangelios y el material correspondiente de
documentos esotéricos tales como la Pistis Sophia, Cristo envió a la
Tierra a los Salvadores o a los Fundadores de las doce religiones,
que le rodeaban como los signos zodiacales rodean al sol. Los
estudiantes de la Biblia a menudo pasan por alto el ver en el pasaje
citado de la Pistis Sophia la verdad esotérica, es decir que todos los
grandes Salvadores del mundo fueron precursores de Cristo. Ellos
vinieron antes para preparar Su Camino y entonces cuando iba a
encarnar en el Maestro de Nazareth, renacieron para constituirse en
Sus ayudantes personales inmediatos y emisarios para todo el
mundo.


Las vidas de los Discípulos tienen por tanto significación no
solamente para el mundo cristiano sino para todas las religiones del
mundo. Mateo XIX: 28


“Mas Jesús les respondió: En verdad os digo que vosotros que me
habéis seguido, en el día de la resurrección, cuando el Hijo del
hombre se sentará en el solio de su majestad, vosotros también os
sentareis sobre doce sillas y juzgareis a las doce tribus de Israel.”


Este versículo anota la realización final en el camino del
discipulado cuando, por medio de la regeneración de la Iniciación,
como se enseña en la vida de Cristo, se pone a un lado la naturaleza
carnal, para ser transmutada en poder del espíritu. Es así que lo viejo da paso a lo nuevo, lo natural a lo súper natural. Esta realización les ocurre a los primeros discípulos el día de Pentecostés y en los fuegos de Pentecostés aprendemos el verdadero y esencial significado de todos los acontecimientos en la vida de los aspirantes que de otro modo permanecerían oscuros, ya que Pentecostés es su meta y su realización tanto actualmente como en los días de Cristo en la Tierra.



*




SIMON ZELOTE


Los Zelotes eran una secta galilea, de naturaleza patriótica, que
odiaban con gran intensidad a todo lo que fuese romano. Se
agrupaban en bandas con una sombría determinación de liberar a su
amada tierra de esa odiosa tiranía romana, mediante el uso del fuego y la espada para lograr su propósito. Simón estaba entre ellos. Era de una disposición volcánica, dedicado en cuerpo y alma a la tarea que los Zelotes se habían fijado, y se había convertido en uno de los cabecillas de la secta. Al igual que la mayoría de las cuadrillas patrióticas y revolucionarias, habían degenerado en una turba y atraído a sus hileras muchos ladrones y forajidos cuyos motivos no eran siempre patrióticos, pero mantenían la meta común de desvincular su nación de los romanos.


Entonces allí apareció en la vida de Simón la influencia del gentil
Nazareno. Su vida cambió y quien hasta ese momento había
mantenido amarga animosidad y odios raciales, al encontrar a Cristo, capituló en favor de los más nobles impulsos que se despertaron en su ser. Entonces inscribió en su corazón la ley del Nuevo Precepto: ama a tus enemigos, no te mantengas en el mal, sino que doblégalo con el bien.


Ésa es la ley que imperará en la Nueva Era que está por venir,
cuya nota-clave es el Amor. Lo que determinará la aptitud del
Discípulo para ingresar en la fase Acuariana de la Dispensación
Cristiana que está siendo introducido en este tiempo, es hasta qué
grado se aplicará este Amor a los problemas de la vida diaria.


El Maestro, al igual que todos los guías espirituales, enseñó la
necesidad de transmutar el mal en bien, e impartió instrucciones para este propósito y de actuar según dichas instrucciones para su
consecución. Procediendo en concordancia con dicha normas, toda
Escuela de Misterios celebra a la medianoche un ritual, en el cual se acumulan los miasmas producto de la maldad del globo y las
transforman en bien. Esta no es una manifestación alegórica sino
literal. Dicho trabajo se lo realiza cada noche y ya que la medianoche sobreviene en cada lugar en diferentes partes de la Tierra a lo largo de las veinticuatro horas, la labor es continua, incesante, alusión que se denota por medio del suelo en mosaico blanquinegro del Templo Masónico.




El discípulo Simón, el resuelto zelote, presenció la obra de la
renovación realizada por Cristo y su círculo de Iniciados y de esta
manera se cambió de resentido patriota a amoroso y tierno Discípulo deseoso de recibir y soportar la mofa, la mortificación y la persecución de sus antiguos amigos y asociados con el único fin de poder dar la vida por sus semejantes.



*



JUDAS ISACARIOTE

Judas es el símbolo de la limitación e incompletitud que actúa
negativamente como un acicate para el progreso. “La Naturaleza
aborrece el vació” y cuando cualquier alma humana se hace sensiblea su vaciedad espiritual, busca la auto realización. San Pablo dice que todas las cosas actúan en conjunto para Dios; como Pablo lo demostró, el más grande pecador puede llegar a ser el mayor santo.

Judas representa la naturaleza inferior en el hombre, la misma
que siempre traiciona al Cristo interno superior. La traición da lugar al gran dolor o Pasión y siempre ocurre en el Jardín de la Agonía. En el sendero del progreso espiritual, ésta es un preámbulo necesario a la Crucifixión, que trae liberación, libertad y realización. Esto solamente se puede conseguir cuando el mal o la limitación (Judas) se destruye a si mismo de tal manera que la naturaleza divina se revele. Entonces le reemplaza Matías, un hombre sagrado.

La leyenda afirma que la madre de Judas fue advertida en un
sueño que éste iba a llegar a ser el hijo de la perdición. Entonces le
metió en una caja o chalana y lo botó al mar. Allí fue descubierto por un rey que adoptó al hermoso muchacho y lo crió junto con su propio hijo; pero Judas asesinó a su hermanastro tuve que escapar. Llegó a ser el paje de Poncio Pilatos y después trató de seguir a Cristo.

Judas representa la codicia, el amor al poder que se consigue
con la posesión de las cosas materiales. Fue el Discípulo que llevaba el fardo del dinero. Intenso, apasionado, sus ojos llenos de un extraño fulgor y su cabello cual flama carmesí, fue acusado desde pequeño de estar endemoniado. Se le liga, en algunos casos, en tratos de amor sensual con María Magdalena, ambos representando el camino de la transmutación en donde la naturaleza inferior o naturaleza terrenal es desechada en favor de la nueva y Cristificada vida.



*






JUAN


Un poeta canta acerca de la juventud de Juan, el Discípulo
amado que “al llegar a la madurez, fue como una bella y rauda
tempestad.” Cristo les llamó a Juan y a su hermano Santiago “Los
Hijos del Trueno”. Aquella extraordinaria intensidad interior que le
llevó a Santiago a ser el primero en entregar su vida, le granjeó a
Juan el ocupar el lugar del más amado del Maestro, en el sentido que su adelanto espiritual le llevó más cerca del Espíritu de Cristo. Desde temprana edad, sus ojos vigilantes habían advertido el resplandor de los ángeles y su corazón había escuchado sus magníficos cánticos. A la sombra de sus alas, la nívea llama de amor nació dentro de él y aquel amor se trocó en poder que fue más tarde vertido en su Libro, elaborando el mayor tesoro en la memoria de la regencia de Cristo sobre la Tierra. Por medio de su amor tuvo el poder de ver la gloria de aquellas mansiones que el Maestro tiene preparadas para aquellos que Le aman y se hacen dignos de habitarlas. En el espíritu de este amor, como aquel que los ángeles conocen, pudo tocar la nota-clave que suena en el mandato “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” y en Su promesa, “Y cuando Yo sea levantado, atraeré  a todos 
    hacia mi”.



Juan se preparó en Efesio para el gran trabajo de curación y
enseñanza que realizó luego de la separación de los Discípulos.
Entonces vivió y enseñó allí a la pasmada multitud el significado
interno del AMOR COMO UN PODER.


Grupos de ángeles cantaban hosannas cuando por primera vez
le encontró a su Señor y estas alabanzas se prolongaron cuando su
radiante espíritu dejó la Tierra para reunirse en los mundos celestiales con su bien amado Maestro. La fragancia emanada de sus palabras de partida a sus discípulos todavía permanecen como el aliento de raras y exóticas flores: “"Hijitos míos, amaos los unos a los otros”.         



*




SANTIAGO


Se le ha considerado a Santiago, el hermano de Juan, como el
primero de los Discípulos hasta el momento de su martirio. El estuvo entre los primeros en ser llamado y fue el primero en seguir a su Maestro al suplicio. Mateo IV: 21, 22
“Y pasando mas adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago el hijo de Zebedeo su padre y Juan, su hermano, restaurando sus redes en la barca con Zebedeo su padre, y los llamó. Ellos, también al punto, dejadas las redes y a su padre, le siguieron.”


La red del pescador, en simbología esotérica, se refiere a la
sabiduría extraída de la experiencia de la vida diaria, siendo el
pescador aquel que ha despertado espiritualmente al significado y
propósito de la existencia física. El nuevo testamento contiene
muchas referencias a los trabajo de los Discípulos con redes. A veces éstas se rompen y otras son remendadas. Ello representa la sustancia de la cual es confeccionado el cuerpo- alma, el cuerpo etérico de la Nueva Era.


Santiago representa la cualidad suprema de la esperanza “que
brota eterna en el seno humano”. Mediante el poder de la esperanza, Santiago fue capaz de dejar a su padre a pesar de sus reproches y le dijo: “Debo ir, pues Jesús ha llegado”. Sublimizado por esta luz blanca desde el altar más alto del alma, Santiago pasó calmadamente a través de la amarga experiencia de la persecución y el martirio.


Antes que el poder de Herodes le alcanzase para “dar muerte a
Santiago por la espada” los Discípulos habían plantado en el suelo la semilla de la nueva fe cristiana. Las leyendas místicas aseveran que luego del martirio de Santiago, los otros Discípulos colocaron su cuerpo en un bote que fue impulsado por ángeles hasta que alcanzó la costa de España, y allí una enorme roca se abrió por sí misma para recibirlo – una referencia a las verdades de la Iniciación y la nueva piedra blanca sobre la que enseñó. En esta leyenda tenemos otra faceta del Misterio del Grial, cuyo castillo, construido por hombres y ángeles, permaneció por algún tiempo en las montañas de España antes de que honrase los altares de Glastonbury en el tiempo del Rey Arturo y sus caballeros; sin embargo otros dicen que eso primero ocurrió Gran Bretaña.


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JUDAS


Judas significa alabanza. Este Discípulo representa así una de
las más importantes cualidades a ser desarrolladas por el que busca
la luz interior. Todas las instrucciones de la verdad espiritual enfatizan la necesidad de cultivar el espíritu de la alabanza. La ley de la alabanza es una ley de acrecentamiento. Por tanto, todo aquello que alabamos, multiplicamos. Mientras más iluminado uno llega a ser, más se es dado a la práctica diaria de la alabanza. Esto se ejemplifica en el Libro de los Salmos. A medida que el salmista se puso gradualmente a tono con la música de las esferas, su cántico de alabanza se volvió más ardiente, hasta que la misma vida resonó con la petición: “¡Alaba al Señor, oh alma mía, y todo lo que está en mí alabe su Santo Nombre!”.


Entonces la alabanza está asociada con Judas, el primo de
Jesús e hijo de aquella María, que era hermana de la Virgen y
colaboradora en el culto de Misterios de los Esenios, la comunidad del Elegido.


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TOMÁS


Tomás representa la duda y el escepticismo que nace
inseparablemente del adiestramiento intelectual. La duda y el
escepticismo son dos de los grandes escollos que tienen que superar
los aspirantes modernos para la obtención del conocimiento de
primera mano. Las palabras del Maestro a Tomás: “No seas sin fe
sino creyente” todavía resuena entre los éteres. No pensemos en
esperar un gran progreso en el Camino hasta que durante el
desarrollo esta etapa de Tomás haya sido superada.


Tomás fue uno de los umbrales del entendimiento, como por
ejemplo cuando testificó el levantamiento de Lázaro; pero en el
suceso del arresto del Maestro en el Getsemaní fue abrumado por las viejas dudas y conflictos y en la Crucifixión huyó. Llevaba en su
torturada mente la memoria del cuerpo destrozado y el costado
perforado, pero en su corazón, cual música escondida, retenía las
cadencias de la oración divina: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”.


Regresó a Jerusalén al terminar la larga y lúgubre semana de la
pasión del Maestro en donde los éteres prestos vibraban con los
gozosos ritmos del himno iniciático de la Resurrección: “Yo soy la
Resurrección y la Vida”. Aquí su consagración fue completa. Con las palabras “Mi Señor y mi Dios” un nuevo Tomás salió la mundo, su corazón se inflamó y sus labios se tocaron con aquella Luz que nace de la conjunción con el amor que es eterno.


Hay en la India una numerosa secta de miles de miembros que
se llaman a sí mismos: “Cristianos de Santo Tomás” que da testimonio de las grandes obras y milagros del Discípulo sagrado e iluminado que fundó su Orden.



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MATEO

La historia de la vida de Mateo es aquella de un publicano y
pecador que a través del encuentro con Cristo, llegó a ser uno de los más excelsos entre los santos y Apóstoles y el autor del Evangelio que lleva su nombre.

Mateo, el recaudador de impuestos, significa la adquisición, la
posesión. Esta característica fue manifestada primeramente en el
plano físico, pero su contraparte transmutada lo hizo patente después en una virtud correspondiente en la alquimia de la iluminación espiritual. Aquella condición de codicia y posesión se elevó de un nivel a otro, por medio del pesar y el sufrimiento, hasta que llegó a ser un poder por el cual a este recaudador le cambió su esencia a través de la experiencia y la sabiduría.

En su lujosa villa junto a las azules aguas del lago de Galilea,
Mateo celebró su renunciación a la antigua vida y su dedicación a la nueva mediante un gran agasajo. Al festejo asistieron muchos
publicanos y pecadores, amigos y compañeros de la antigua vida e
inclusive fue honrado y bendecido por la misma augusta presencia
del Señor. Esto fue pues, en verdad, un banquete espiritual en el cual los atributos no renovados espiritualmente del anterior ego se
elevaron y transformaron en presencia del poder de Cristo.

La transformación de Mateo se efectuó por medio de su gloriosa
experiencia al presenciar el Sermón de la Montaña del Maestro.
Desde entonces sus ojos fueron alumbrados con un especial misterio y de sus labios se desprendían el calor y el poder de las nuevas palabras del Espíritu de Vida.

Mateo se volvió una persona absolutamente sobria y ascética,
en contraste con su lujoso modo de vida previo, hasta que
gradualmente emanaban de su faz y cuerpo esa trascendente luz y
regocijo que eran como una irradiación divina del Maestro.

Su enorme obra se centró grandemente en Etiopía donde
trabajó por aproximadamente veinte y tres años. Mateo simboliza el
gran propósito y poder de transmutación en la vida humana.


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ANDRÉS

Andrés es el Discípulo que representa la humildad y el
quebranto propios; fue el primero en ser escogido, sin embargo nunca llegó a ser uno de los del círculo íntimo. Se contentó con brillar en la gloria reflejada de Pedro, su hermano menor.

En los primeros días, los sueños y la búsqueda de las cosas del
espíritu le llevaron a ser uno de los seguidores de Juan el Bautista; y
entonces se preparó para un servicio posterior y más elevado bajo la tutela del Maestro Supremo. Místicamente la Biblia describe su
preparación al decir que cuando Jesús llegó, estaba lanzando redes.

Andrés fue uno de aquellos escogidos por el Gran Iniciador para
servir en el milagro de los peces y de los panes. El propósito de este
milagro fue el enseñar a los Discípulos cómo manifestar la sustancia
física desde un elemento dado, al igual que demostrar el valor del
compañerismo al compartir.

Luego de que en el Pentecostés se les otorgó a los discípulos
los grandes poderes, éstos se dispersaron por el mundo en promoción de la Gran Obra. Andrés cruzó los siete mares y las leyendas místicas relatan que fue el primero en dar a Escocia la nueva y bendita Palabra de Vida. La Cruz de San Andrés, una X, dibujada en un rojo vivo, es símbolo de la sangre sacrificial.


Donde torturado y martirizado,
Árboles pletóricos de floración alzándose allí le contemplaron
Con retoños engalanados, donde derramó su sangre.

Encontramos repetidamente a través de la simbología esotérica
masónica y cristiana, que en donde la sangre sacrificial ha fluido, una recordación vívida creció en forma de árbol floreciente. El sendero cruento dibujado por las admirables huellas de Hiram Abiff, según los escritores masónicos, describen esta X de San Andrés, y la acacia es el árbol floreciente sagrado en su conmemoración. El símbolo ilustra adecuadamente el proceso de la Iniciación.

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PEDRO

Pedro, el incierto, el vacilante, “el hombre onda que más tarde
se convertiría en el hombre roca” es un ejemplo de uno que ha
conseguido dominio sobre la indecisión y las debilidades personales; y su historia nos indica que tuvo más caídas y deficiencias que cualquiera de los otros discípulos. Sin embargo finalmente tuvo éxito en desarrollar los atributos trascendentes espirituales al que todo discípulo aspira.

Pedro recibió su primer precepto en la escuela esotérica de Juan
el Bautista. Cuando fue encontrado por Cristo estaba activamente
comprometido en arreglar sus redes. Caracteriza la acción y el
servicio y por último la consecución de aquel sitio elevado que
simboliza la fe – la fe como un poder, no meramente una abstracción. La Iglesia de la Nueva Era o cuerpo del Iniciado se edifica sobre ese recién descubierto poder de la fe.


Cuando el amor, la fe y la esperanza se hacen manifiestos como
poderes prácticos dentro de la conciencia de los aspirantes modernos, entonces ellos también serán capaces de acompañar al Cristo en su más grande y maravillosa obra tal como Pedro, Santiago y Juan lo hicieron, simbolizando cada uno de ellos esas cualidades.

Como en el caso de Pedro, nuestros mayores errores pueden
trocarse en nuestros mejores apoyo o instrumentos para continuar en los más grandes adelantos. Nunca pudo olvidar su negación de Cristo y en su propia ejecución pidió que le crucifiquen boca abajo, como indigno de morir de la misma manera que el Señor.

El encuentro de Pedro con el Maestro fue su más atesorado
recuerdo en aquel amanecer después de la Resurrección cuando una vez más se le permitió renovar y reorientar su vida, como una réplica posterior al Maestro que le había preguntado: “¿Tú me amas?”.

En forma magna cumplió el mandato del Maestro de apacentar
a sus ovejas. Hay una leyenda sagrada en la que dice que aun su
sombra tenía el poder de curar al cubrir a una persona enferma; mas nosotros sabemos que no era su sombra la que tenía es poder de curación sino que eran las maravillosas emanaciones anímicas de su amor del Cristo las que hacían esto y que caían sobre los que estaba cerca de él.

La vida de Pedro se desenvolvía entre la luz y la sombra,
aquella obscuridad entre el conflicto y el error, entre las pruebas y la debilidad, cediendo a arranques intermitentes de gloria, hasta que por fin se rindió a la muerte en un blanco resplandor de fe que
verdaderamente era divino. Todo aquello débil y humano finalmente fue erradicado en un gran estallido de fuego espiritual que consumió la carne. Su vida ilustra, como talvez ninguna otra lo hace, la verdad de la afirmación de un vidente moderno: “No hay fracaso salvo aquel de no volver a intentarlo”. Mas que cualquiera de los Discípulos, Pedro es el apóstol del esfuerzo incesante.

A Pedro se le dio las llaves del cielo y del infierno por sus
muchas y variadas experiencias y la sabiduría y entendimiento que
alcanzó con ellas. Los estudiantes de las cosas internas entienden
que el propósito real de la vida no es la felicidad sino la experiencia.


*



NATANIEL

De entre los Doce, Nataniel fue el soñador, “un israelita falto de
sagacidad” fueron las palabras empleadas por el Maestro para
describirle. Era Nataniel, hijo de Tolomé, y por ello se lo llamó Bartolomé, o Bartolomé, siendo su nombre Nataniel Bar- Tolomé. Su padre era un comerciante de viñedos, y Nataniel gozaba de sus
ensoñaciones entre las frescas sombras y las ricas fragancias de las
colinas de su hogar, tanto que los cánticos de los pájaros se
entremezclaban con el coro de voces angélicas y el brillo de las
estrellas que para él parecían antorchas de fuego que le llamaban
señalándole las escaleras del cielo. De esta manera, filosofando y
viviendo en esos sueños que le fueron apenas menos reales que el
mundo precioso que le rodeaba, este joven Galaad del espíritu se
preparó para la eterna búsqueda.

Felipe, su amigo, sabedor de la profunda ansiedad de Nataniel
por la llegada de un iluminado que le guíe en la búsqueda, un día
estalló en apasionado entusiasmo y fervor al anunciarle que había
“encontrado al Mesías”.

Nataniel es la divisa de la pureza. Había conseguido superar
grandemente al hombre inferior en preparación para la llegada del
Gran Instructor. En Toda la Biblia, el higo significa generación.
“Mientras estabas bajo el árbol del higo te vi” decía el Maestro en los primeros momentos de salutación, y le predijo: “Vos veréis las
puertas del cielo y los ángeles del Señor ascendiendo y
descendiendo” al referirse al poder de la Iniciación que más tarde
desarrollaría. El supremo requisito de la iniciación es la Pureza y
ningún poder espiritual verdadero puede ser obtenido sin él.
Nataniel llegó a ser uno de los más admirables sanadores entre los discípulos y por esa razón fue apedreado hasta morir por los sacerdotes de la vieja religión, pues temían su poder.

Las fuerzas de curación son fuerzas de vida y la pureza como la
de Nataniel, que resulta del fruto de vivir una vida regenerada,
aumenta dichas fuerzas curativas en miles de veces; así los poderes
personales son las fuerzas cósmicas que se alinean con aquellas
potencias propias del discípulo ya purificadas y universalizadas.


*


FELIPE

Felipe fue el Discípulo de Betsaida, que en hebreo quiere decir
casa de las redes. Esotéricamente significa el despertar o la infusión
de la espiritualidad. El relato de la vida de Felipe contiene el proceso o fórmula de espiritualización de la mente.

Larga y ardua carrera es esta y Felipe se demoró en aceptar la
divinidad del Señor. Muchas veces durante este proceso del despertar espiritual, la mente exclama en señal de protesta: “Muéstranos al Padre y nos satisfará”. El logro denodado nos permite comprender la réplica del Maestro: “¿Acaso no creéis vosotros que Yo estoy en el Padre y que el Padre está en Mí?”

La mayor influencia para su vida, con excepción del Maestro, fue
su amigo Nataniel. Ambos componen un dúo inseparable, los David y Jonathan del Nuevo Testamento.

Fueron inseparables en sus vidas y ambos encararon el martirio.
Felipe le llevó a Nataniel hacia Cristo y Nataniel vio la transición del espíritu luminoso de Felipe desde la cruz del martirio en su
reunificación en los planos internos con el Maestro.

Felipe había peregrinado sobre la Tierra compartiendo la luz de
las grandes verdades nuevas del Mesías que había abrazado tan
ardientemente y por la muchedumbre de sus seguidores y las muchas y maravillosas curaciones que realizó, fue fijado a la cruz en frente del Templo y crucificado. El espíritu radiante de Felipe, fortificado por la visión del Cristo glorioso y por la presencia terrenal de su bien amado Nataniel, dejó su estancia terrenal, volando a lo alto con el regocijo de aquellos que permanecieron fieles hasta la muerte.



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SANTIAGO EL MENOR

Santiago y Judas fueron los hijos de María, una hermana de la
virgen y de Cleofás. Jesús y ellos pasaron su infancia en la misma en una comunidad Esenia, pero únicamente hasta el intervalo místico entre la Resurrección y la Ascensión aceptaron sin reservas la realidad de Su divinidad y Su misión.

Santiago recibió de su madre las nuevas de la Resurrección y
declaró que no comería ni bebería hasta que viese al Maestro
ascendido. Pronto el Salvador se le apareció ante él diciéndole: “Trae una mesa y comida y bebida como prueba de la nueva vida”.
Santiago se convirtió en uno de los Discípulos más creyentes y
devotos y hasta su muerte fue la cabeza de la nueva iglesia en

Jerusalén. Su carácter fue tan noble y delicado, que fue hondamente apreciado aun por aquellos que no tenían reverencia por el nuevo mesianismo, y se cree que pudo haber sido la cabeza de los esenios en Jerusalén antes de que llegara a ser cabeza de la nueva iglesia.

Los enemigos de la nueva secta cristiana engañaron al santo
Santiago y le pidieron que apareciese en el pretil del Templo ante la
multitud reunida durante la semana de Pascua, con la súplica de que les diese alguna noticia acerca del Maestro que tanto amaba; y
siempre deseoso de hablarles sobre esto, aceptó complaciente.
Mientras hablaba fervientemente de Jesús el Mesías de Dios, la turba tomó piedras y comenzó a apedrearle; cayó a la terraza más alejada, donde murió sin desear el mal a sus perseguidores, como lo hizo su Maestro ante él.

De esa manera su gran espíritu pasó a los reinos superiores con
las palabras de aquella sublime oración en sus labios: “Padre,
perdónalos porque no saben lo que hacen”.
Este maestro esenio había sido tan grandemente amado por el
populacho que el horror y el pánico cundieron por la ciudad con la
noticia de su muerte y por todas partes los hombres devotos decían
que Jerusalén sufriría grandes pesares debido a ese crimen. En ese
periodo o al poco tiempo que los ejércitos romanos arribaron para
destruir la ciudad, tanto los judíos como los cristianos decían que el
asesinato del Santo Santiago les trajo esta catástrofe como un castigo de Dios.

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